lunes, 17 de diciembre de 2012

¿Qué veré que me contente?

Desde que una vez yo miré,
señora, vuestra verdad,
jamás por mi voluntad
los ojos de vos quité.
Pues sin vos placer no siente
mi vida, ni lo desea,
si no queréis que yo os vea,
¿Qué veré que me contente?

Luis de Camoes

Madrigal

Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿Por qué, si me miráis, miráis airados?
Si cuanto más piadosos,
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira
porque no parezcáis menos hermosos,
¡Ay tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.

Gutierre de Cetina

Canción

Amor, yo nunca pensé
aunque poderoso eras,
que podrías tener maneras
para trastornar la fe,
hasta ahora que lo sé.

Pensaba que conocido
te debía tener,
mas no pudiera creer
que eras tan mal sabido,
ni tampoco yo pensé,
aunque poderoso eras,
que podrías tener maneras
para trastornar la fe,
hasta ahora que lo sé.

Rey Don Juan II de Castilla

jueves, 13 de diciembre de 2012

Duda amorosa

Si por una cosa rara
dos corazones tuviera,
en uno Filis entrara,
en otro a Doris pusiera,
y allí a las dos contentara.

Pero si uno solo tengo
no podré darlo a ninguna,
porque luego me detengo
en que si lo doy a una
al rigor de la otra vengo.

Darlo a las doses buscar,
si se examina despacio,
guerra en que siempre han de estar;
porque en un solo palacio
dos no pueden gobernar.

Qué hacer en tal confusión
no alcanzo; mas si supiera,
que no había de haber cuestión,
sin duda a cada diera
la mitad del corazón.

Así una vez discurría,
y amor, que en mi pecho estaba,
en lo interior me decía
que si a dos darlo pensaba,
a ninguna lo daría.

Que es la ley la más oportuna,
aunque de un tan ciego dios,
que se quiera sólo a una;
porque aquel que quiere a dos
no quiere bien a ninguna.

Luego el corazón lo di
a Doris; y mal pagado,
al punto me arrepentí,
de que no lo hubiera dado
a Filis. ¡Triste de mí!

José Manuel Martínez de Navarrete

Pequeña carta al mundo

Los dientes de una ballesta
me tienen clavado el vuelo.
Tengo el alma desgarrada
de tirar, pero no puedo
arrancarme estos cerrojos
que me atraviesan el pecho.

Siete mil doscientas veces
la luna cruzó mi cielo
y otras tantas, la dorada
libertad cruzó mi sueño.
El Sol me hace crecer flores,
¿para qué, si estéril veo
que entre los muros mi sangre
se me deshoja en silencio?

No sabéis lo que es un hombre,
sangrando y roto, en un cepo.
Si lo supieseis vendrías
en las olas y en el viento,
desde todos los confines,
con el corazón deshecho,
enarbolando los puños
para salvar lo que es vuestro.

Si llegáis ya tarde un día
y encontráis frío mi cuerpo;
de nieve, a mis camaradas
entre sus cadenas muertos…
recoged nuestras banderas,
nuestro dolor, nuestro sueño,
los nombres que en las paredes
con dulce amor grabaremos.


Y si no nos cerráis los ojos
¡dejadnos los muros dentro!
que se pudran con el polvo
de nuestra carne y no puedan
ser nuevas tumbas de presos.

No sabéis lo que es un hombre
sangrando y roto, en un cepo.
Si lo supierais vendríais,
en las olas y en el viento,
desde todos los confines,
para salvar lo que es vuestro.

Si llegáis ya tarde un día
y encontráis frío mi cuerpo
buscad en las soledades
del muro mi testamento:
al mundo le dejo todo,
lo que tengo y lo que siento,
lo que he sido entre los míos,
lo que soy, lo que sostengo:
una bandera sin llanto,
un amor, algunos versos…
y en las piedras lacerantes
de este patio gris, desierto,
mi grito, como una estatua
terrible y roja, en el centro.


Marcos Ana

Autobiografía


Mi pecado es terrible;
quise llenar de estrellas
el corazón del hombre.

Por eso aquí entre rejas,
en diecinueve inviernos
perdí mis primaveras.

Preso desde mi infancia
ya muerte mi condena,
mis ojos van secando
su luz contra las piedras.

Mas no hay sombra de arcángel
vengador en mis venas:
España es sólo el grito
de mi dolor que sueña.


Marcos Ana

martes, 11 de diciembre de 2012

El cazador Cazado

Pensando el amor cazar, 
yo me hice cazador,
y a mí cazóme el amor. 

Entre yo muy descuidado 
en el monte de cupido, 
por ver si había venado 
y hallé un ciervo escondido: 
muy a paso sin ruido 
arrojéle un pasador, 
y a mí cazóme el amor. 

Desde que herido le vi 
empecé a correr tras él, 
y corriendo me perdí 
por una sierra cruel; 
pero al fin vi un vergel, 
que sois vos, lleno de flor, 
y allí cazóme el amor.

Citado por Dámaso Alonso

Olvido

La ventura del olvido
no la conocí jamás,
que siempre he querido más
lo que olvidar he querido.

Anónimo

Rumor de espinas

Es imposible caminar sin piel sobre la tumba de mis sueños
cuando tus ojos siguen, aún, postrados en un recuerdo,
en una noche que me dejaste herrada en la piel.

Ahora podrás compartir, otra cama y otro orgasmo,
pero las marcas de mis labios son la hiel de tus odres,
y no podrás negarle que estuviste aquí, conmigo.

Siempre volverás a mí, estás atado a los ríos de mis piernas,
tu eres el rumor de espinas que nace en mi vientre,
el deseo que tengo oculto en un pozo de sal.


Elizabeth Narváez Luna

Postal

Un hombre
va sin brazos por la calle.
Los sueños no le bastan,
la vida no le basta.
El más leve escozor
le puede helar la sangre.

Los demás entran a la noche
presuntuosos,
con los brazos plenos.
Y reciben el día
con las manos debajo de la almohada,
o apretándose el sexo,
o delineando cuerpos con sus dedos.

El contempla sus  muñones
y piensa que la noche
son dos guantes negros,
y el día
una camisa de manga larga
que nunca más podrá lucir.

Su consuelo;
nunca podrán crucificarlo.



Edgard Cardoza Bravo.