va sin brazos por la calle.
Los sueños no le bastan,
la vida no le basta.
El más leve escozor
le puede helar la sangre.
Los demás entran a la noche
presuntuosos,
con los brazos plenos.
Y reciben el día
con las manos debajo de la almohada,
o apretándose el sexo,
o delineando cuerpos con sus dedos.
El contempla sus muñones
y piensa que la noche
son dos guantes negros,
y el día
una camisa de manga larga
que nunca más podrá lucir.
Su consuelo;
nunca podrán crucificarlo.
Edgard Cardoza Bravo.
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