martes, 11 de diciembre de 2012

Postal

Un hombre
va sin brazos por la calle.
Los sueños no le bastan,
la vida no le basta.
El más leve escozor
le puede helar la sangre.

Los demás entran a la noche
presuntuosos,
con los brazos plenos.
Y reciben el día
con las manos debajo de la almohada,
o apretándose el sexo,
o delineando cuerpos con sus dedos.

El contempla sus  muñones
y piensa que la noche
son dos guantes negros,
y el día
una camisa de manga larga
que nunca más podrá lucir.

Su consuelo;
nunca podrán crucificarlo.



Edgard Cardoza Bravo.

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